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¿Por qué le tenemos tanto miedo a la deuda?

Acercándose estas festividades relacionadas al Día de Muertos y otras más que tienen que ver con sustos y horrores, aprovecho para compartirles una pequeña anécdota mezclada con un cuento de miedo: Justo alrededor de estas fechas, a mi esposa y a mi nos invitaron a una fiesta de disfraces.

 

Verdaderamente no tenía idea de qué iba a disfrazarme, al contrario de mi esposa que muy pronto armó su atuendo de princesa zombie… o algo así le entendí. Me abrí un espacio para investigar en internet sobre qué disfraces estaban de moda, mientras más sencillo y práctico mejor. Por más catálogos de tiendas y tutoriales que me encontré, ninguno llamaba mi atención. Al fin decidí escribirle a un amigo, famoso por ser creativo para estos temas, y le pedí consejo.

 

-¡¿Cómo que no se te ocurre de qué disfrazarte?! - Me contestó bastante efusivo. Yo no lograba entender la broma. - Si tu trabajas en algo que aterra a cualquiera durante todo el año: ¡Disfrázate de deuda!

 

El comentario me hizo mucha gracia aunque me recordó el famoso dicho de que entre “broma y broma, la verdad se asoma”. Aún así, la idea me pareció fabulosa. Me vestí de traje y corbata, muy formal. Nada de maquillaje ni máscaras. Lo único que hice fue imprimir una cotización de arrendamiento idéntica a las que utilizo a diario, la metí en un maletín y me puse una pluma en el bolsillo de saco ¡Estaba listo!

 

La fiesta fue un evento sumamente ameno. La gente no comprendía al inicio mi disfraz hasta que realizaba todo la actuación del proceso comercial real para conocer las necesidades financieras del proyecto. Exageraba un par de detalles pero en general el discurso era el mismo. En cuanto entendían el concepto, mis amigos se alborotaban.

 

-¡Qué horror! ¡Ya denle el primer lugar y sáquenlo del lugar que nos va a endeudar a todos! - gritó uno de mis amigos.

 

-¡Acepto el primer lugar! Pero me llama la atención tanto pánico. ¿De dónde viene?

 

-¿De dónde? Pues de los bancos con sus tarjetas de crédito, de los intereses que te llevan a la quiebra, de las letras chiquitas, de los cargos adicionales…

-¡Ah! Entonces tu no le tienes miedo a la deuda… Le tienes miedo a la “deuda mal llevada”Te cuento...

 

 

Como muchos de los temores que tenemos hoy en día, el miedo a la deuda es algo que se nos enseñó desde nuestros padres, o incluso desde generaciones más antiguas. Sin embargo, la deuda en sí es un motor poderosísimo de desarrollo para las empresas y las industrias de países más desarrollados.

 

¿Sabías que en Estados Unidos más del 80% de las empresas más grandes y exitosas viven en un estado de “deuda perpetua”? En lugar de invertir el capital propio en la obtención de las máquinas con las que trabajan día a día, prefieren utilizar capital ajeno para hacerse del equipo que tarde o temprano va a dejar de funcionar. El equipo no es de ellos, me refiero a que no está a sus nombres… ¡Pero las ganancias que hacen con los equipos, sí!

 

Aunque algunas máquinas tienen tiempos de vida de 5 años y otras de 30, estas empresas continúan renovando sus arrendamientos hasta que las máquinas ya no funcionan ¡jamás las compran! En cuanto ya no les sirve su equipo de trabajo: dejan de pagar el arrendamiento por el equipo viejo y contratan otro arrendamiento por el equipo nuevo.

 

De esta forma siempre mantienen su maquinaria actualizada y sí, a pesar de pagar una renta mensual fija, las ganancias son por mucho superiores a las inversiones ¿Tu crees que estos grandes empresarios le temen a la deuda? ¡Ellos la adoran! Porque les permite evolucionar y crecer sus empresas de forma acelerada sin tener que gastar sus ganancias.

 

El detalles es que no tenemos una cultura de la deuda. Y sí, al usar el financiamiento de una forma equivocada se corre el riesgo de generar intereses pero esto no tendría que ser así. La deuda sirve para agilizar tu empresa, no para frenarla.

 

Mi grupo de amigos se quedó un tanto frío ante mi explicación. Sin desearlo, la broma se tornó  seria.

-A ver, ¿cómo dices que se lee esa cotización que tienes en la mano? - habló uno al fin.

 

Con gusto les expliqué al grupo cómo interpretar la corrida financiera que llevé como accesorio de mi disfraz. Muchos se interesaron y me pidieron que aterrizara las cifras con números reales de sus proyectos. Poco a poco fui viendo cómo les brillaban los ojos al entender cómo podrían utilizar el arrendamiento y entonces me di cuenta que más que un miedo a la deuda, es el miedo a no entender cómo funciona la deuda lo que no nos permite crecer.

 

Si te identificaste con alguno de mis compañeros y siempre has tenido temor en lo referente al arrendamiento o a cualquier otra forma de financiamiento, compárteme tus dudas y con gusto veré la forma de resolverlas. Por cierto… ¿De qué te vas a disfrazar este año?

 

 

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